De pequeña estuve gravemente enferma. Tanto, que los médicos pronosticaron que no llegaría a cumplir los diez años. Tras varios tratamientos alópatas fracasados, dimos con un médico naturista. Obviamente, mis padres estaban desesperados: yo no subía de peso (ironías de la vida, ahora me cuesta horrores bajarlo, pero al menos estoy viva), no se me caían los dientes, no crecía, estaba extremadamente débil y a la hora de la comida estaba más rato tomando medicamentos que alimentos. Así que los medicamentos me intoxicaron y mis padres decidieron que iban a llevarme al naturista, auqnue les daba miedo que fuera una especie de brujo estafador. Pero nada de eso. Resultó que era doctor en medicina, que visitaba en la Seguridad Social y que, por las tardes, pasaba consulta privada de naturpatía. Todos sus remedios consistían en naturismo e hidroterapia. Sus principios: comida vegetariana y preferiblemente cruda, sin excederse nunca en las cantidades; paseos diarios al sol y preferiblemente descalzos; vestir ropa cómoda; tratarse las enfermedades sólo con cambios alimentícios, remedios florales e hidroterapia.
Así que, años después, cuando descubrí el crudivorismo, volví a recuperar buena parte de la esencia de la filosofía de vida y salud del doctor que me había salvado la vida.
Podría decir que tengo fe en la hidroterapia pero, en realidad, lo que tengo es experiencia. Toda positiva.
Uno de mis remedios preferidos de la hidroterapia es la limpieza de colon. Teóricamente debería ir a un profesional a que me hiciera la hidroterapia, pero no tengo tiempo ni dinero para eso, así que lo hago al estilo casero, con un irrigador reutilizable que puede comprarse en las farmacias por unos ocho euros.

Lo cierto es que no conozco a nadie que lo haya probado y no le haya resultado beneficioso. Empezando por mi misma. Cuanto más pura es tu dieta y tu estilo de vida, más cuidado debes tener de hacer una adecuada limpieza de tu colon. Yo he dejado de medicarme por dolores de cabeza; en primer lugar porque cada vez tengo menos y, en segundo lugar, porque cuando lo tengo me hago un enema y se me pasa. Lo mismo con los resfriados.
Mi médico naturista murió hace muchos años, pero sus enseñanzas siguen conmigo (aunque quedaron en estado latente por varios años). Por suerte, mi quiropráctico respeta y apoya las técnicas de hidroterapia que practico, así que me siento muy bien en este camino que retomo ahora, después de un largo paréntesis que ha perjudicado gravemente a mi salud y a mi bienestar general.
No puedo opinar. En principio, recelaría, pero sí que estoy de acuerdo contigo en que estamos hiperintoxicados. Bueno, ya nos irás contando...
ResponderEliminarComprendo tu recelo, pero yo a mi médico le tengo mucho respeto porque me salvó la vida LITERALMENTE, así que no dudo de ninguno de sus remedios por raros que parezcan (y créeme, hay algunos que me parecen rarísimos).
ResponderEliminarEsto de la hidroterapia es todo un mundo; yo la prefiero mil veces antes que cualquier tratamiento alópata que, al fin y al cabo, también es invasivo porque no veas tú lo que nos llegamos a meter con los medicamentos.